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Articulo por el Fisiatra Jose Maria Rodriguez Martin.
APLICACIÓN DE INFRARROJOS TIPO "A" (TERMOTERAPIA SUPERFICIAL)
En electroterapia aplicamos una técnica de termoterapia superficial basada en calor irradiado desde lámparas emisoras de infrarrojos. Esta técnica requiere de perfeccionamiento en los sistemas de dosificación, los cuales hasta ahora se aplican excesivamente de forma empírica.

(I.R.A.)
Dosis
Penetración
Aplicación con osteosíntesis metálicas superficiales
El pirón
Infrarrojos (I.R.A.)
La técnica de aplicación de Infrarrojos (I.R.A.), normalmente se practica con lámparas que emiten en un amplio espectro electromagnético, pero que su mayor potencia se centra en los infrarrojos de tipo A, es decir, los más próximos al rojo visible. Luego, cuando nos refiramos a la aplicación de infrarrojos estándar (no en metodología láser) debemos concretar en los de tipo A o térmicos.
Son muy típicas las lámparas de color rojo fabricadas por las casas del ramo. Pero llama la atención que disponemos de dos modelos: una con consumo de 250 W poco focalizada y otra de 150 W con una lente de Fresnel para focalizar el haz de emisión.
La segunda es muy interesante por su poco consumo, mejor focalización y la regularidad en el reparto de potencia por la zona tratada. Eso sí, requiere mayor distancia al paciente para evitar quemaduras.
 
La banda de emisión de estas lámparas se localiza (según el siguiente cuadro) alrededor de los 1000 nanómetros (nm). Plenamente dentro del espectro de los IR-A.

Dosis
El sistema de dosificación sufre grandes imperfecciones por causa del empirismo empleado en los tratamientos.
El método habitual se basa en situar al paciente bajo la lámpara a una distancia en la que siente calor agradable (no sofocante ni quemante) durante unos 10 - 15 - 20 minutos (según preferencias del fisioterapeuta). Esto sin entrar en más consideraciones.
VIDEO SOBRE DOSIFICACIÓN DE INFRARROJOS (Vídeo de 34 segundos, 893 KB, con extensión MPG).
Pero hay quien si se plantea ciertos detalles o limitaciones para dar por finalizada la sesión, tales como: que el paciente se sienta incómodo, cuando inicia la sudoración, o que la percepción térmica se convierta en sofocante.
No obstante, es insuficiente y debemos pensar en medir de alguna forma la energía que recibe el paciente en cada unidad de superficie durante toda la sesión. Ver capítulo de infrarrojos en el libro ELECTROTERAPIA EN FISIOTERAPIA.
Penetración
Se polemiza a cerca de la penetración de los infrarrojos en los tejidos a través de la piel. Algunos autores consideran que se puede alcanzar 0,5 cm de profundidad mientras que otros llegan hasta 2,5 ó 3 cm. En realidad depende mucho de la potencia recibida en la piel, ya que, a más potencia mayor penetración; influyendo así mismo el grosor y tipo de piel.
A título de ejemplo experimental, si situamos un emisor de infrarrojos de tipo láser con 15 milivatios (mW) de potencia media en la palma de una mano masculina, grosor medio, y un detector de infrarrojos en el dorso de la mano (buscando espacios interóseos) éste se activa.
Los infrarrojos de lámpara son más potentes que los irradiados en el experimento, pues la potencia recibida en piel alcanza una media de 50 a 100 mW/cm2. No importa tanto la potencia o la penetración como el calor que realmente se acumula durante el tiempo de sesión, de forma que, aunque su generación sea muy superficial, el acúmulo térmico puede alcanzar la profundidad.
Aplicación con osteosíntesis metálicas superficiales
Clásicamente se ha considerado que la aplicación de infrarrojos no está contraindicada con osteosíntesis metálicas. No obstante, si la temperatura alcanzada por los tejidos es termoregulada suficientemente, no se deben temer problemas a primera vista, pues si el calor alcanza directamente al metal, dado que es buen conductor del calor, tenderá a acumularlo en exceso, provocando un aumento de la temperatura excesivo en los tejidos que contactan con el metal. Este tema requiere de la adecuada experimentación.
En caso de plantear dudas ante la aplicación de infrarrojos en osteosíntesis superficiales, también deberíamos recomendar al paciente que no tome el sol durante el verano en la playa, piscinas, etcétera.
No debemos olvidar que si una aplicación de infrarrojos la damos por finalizada cuando el paciente inicia la sudoración, podemos considerar que el proceso de termorregulación ha sido suficiente como para impedir el acúmulo de calor dañino para las células y tejidos. Otra solución para evitar posibles riesgos la encontramos con una aplicación de poca potencia (lámpara más distanciada) y mayor tiempo de sesión.
El pirón
Un pirón equivale a una caloría aplicada sobre un centímetro cuadrado de la piel durante un minuto. Se recomendaba entre 0,5 y 2 pirones por minuto dependiendo de los procesos agudos o crónicos. El tiempo se establecía entre 10 y 20 minutos.
El pirón es un sistema de medida complejo y anticuado, lo estandarizado en la actualidad se apoya en la simple ley de Joule aplicada directamente. Veamos:
Supongamos que pretendemos aplicar 50 J/cm2 con una potencia de 100 mW/cm2
T = J/cm2 / W/cm2 = 50 / 0,1 = 500 segundos (8,3 minutos)
¿Cuántos pirones?
50 J/cm2 · 0,24 = 12 calorías
12 · 8,3 = 99,6 pirones
Recomiendo la lectura del capítulo referente a INFRARROJOS en el libro ELECTROTERAPIA EN FISIOTERAPIA, donde se plantean polémica, dudas, sistemas de dosificación y posible construcción de un equipo para terapia por infrarrojos.
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